Trenes que el tiempo olvidó: las líneas ferroviarias secretas de Sudamérica que deberías subir antes de que desaparezcan
Hay algo en los trenes que los aviones nunca van a poder reemplazar. El ritmo lento, el paisaje que cambia poco a poco por la ventana, la señora del asiento de al lado que te ofrece empanadas caseras. Y en Sudamérica, donde el ferrocarril vivió su época dorada a principios del siglo XX, todavía quedan líneas que funcionan casi como si el tiempo no hubiera pasado.
No hablamos del famoso Tren a las Nubes de Salta, que ya tiene cola de turistas con cámara en mano. Hablamos de los otros trenes. Los que no salen en las guías de viaje, los que usan los lugareños para ir al mercado o visitar a la familia en el pueblo de al lado. Esos son los que de verdad valen la pena.
El Tren Patagónico: cruzar la estepa sin apuro
En Argentina, el Ferrocarril Patagónico une Viedma con Bariloche en un recorrido de casi 900 kilómetros que atraviesa la estepa rionegrina de una forma que ninguna carretera puede imitar. El viaje dura alrededor de 16 horas y, si lo tomas de noche, tienes la opción de reservar un camarote compartido por un precio que deja en ridículo a cualquier hotel de la zona.
El tren sale desde Viedma los martes y viernes, y llega a Bariloche al día siguiente. El paisaje cambia de manera casi hipnótica: primero la costa atlántica, luego la estepa seca y ventosa, y finalmente los primeros cerros que anuncian la Patagonia andina. En el vagón comedor sirven milanesas y mate cocido. Es exactamente tan argentino como suena.
El precio de un pasaje en clase turista ronda los 3.000 a 5.000 pesos argentinos dependiendo de la temporada, lo que lo convierte en una de las opciones más económicas para llegar a Bariloche desde la costa. Reservar con anticipación en el sitio de Trenes Argentinos es fundamental, especialmente en temporada alta.
El Tren de la Selva en Bolivia: de Yacuiba a Santa Cruz
Bolivia tiene uno de los sistemas ferroviarios más curiosos del continente. La red oriental, operada por la empresa FCA, conecta Santa Cruz con la frontera argentina en Yacuiba a través de un recorrido que cruza el Chaco boliviano y los valles subtropicales del sur del país.
Este tren es, básicamente, el transporte público de muchas comunidades que no tienen acceso fácil por carretera. Sube gente con gallinas, costales de maíz, niños que vuelven del colegio. Y también sube algún viajero despistado que descubrió que este es uno de los mejores modos de ver la Bolivia profunda sin necesidad de contratar ningún tour.
El trayecto completo dura entre 14 y 16 horas y el precio es sorprendentemente bajo: menos de 15 dólares en clase ejecutiva, que incluye asientos reclinables y aire acondicionado. La clase preferente es aún más barata, pero el calor del Chaco en verano puede ser bastante desafiante sin climatización.
Un consejo: lleva comida. Las paradas en estaciones pequeñas son breves pero suficientes para comprar empanadas y refrescos a señoras que venden desde el andén.
El tren Puno-Cusco en Perú: altiplano a ritmo lento
Perú Raíl opera una de las rutas más espectaculares del continente entre Puno y Cusco, cruzando el altiplano a más de 4.300 metros de altitud. La versión turística de este tren, el Titicaca Train, es bastante cara y está claramente orientada a viajeros con presupuesto alto. Pero existe una alternativa local que muy pocos conocen.
El servicio de PeruRail para pasajeros locales en la ruta Juliaca-Cusco opera de manera más discreta, con precios significativamente menores y sin el show turístico del tren premium. Para tomarlo hay que ir directamente a la estación de Juliaca y comprar el pasaje en taquilla. No tiene web de reservas en línea, no tiene folleto en inglés. Funciona como funciona el transporte de verdad en Perú: con paciencia y algo de español.
El recorrido dura aproximadamente 10 horas y el paisaje es sencillamente brutal. Lagunas de altura, comunidades quechuas, vicuñas pastando junto a las vías. Si tienes tendencia al mal de altura, tómate el tiempo para aclimatarte antes en Puno o Juliaca.
Cómo prepararte para viajar en estos trenes
Viajar en trenes históricos sudamericanos no es como tomar el AVE en España. Hay que ir con otra mentalidad. Estos son algunos consejos que hacen la diferencia:
- Lleva efectivo. Muchas taquillas no aceptan tarjeta, y en las estaciones pequeñas los cajeros automáticos brillan por su ausencia.
- Confirma los horarios con días de antelación. Los horarios pueden cambiar por razones que no siempre se anuncian en internet.
- Lleva ropa de abrigo aunque haga calor en el andén. Los trenes nocturnos, especialmente en la Patagonia y el altiplano, se vuelven fríos en las madrugadas.
- No sobrecargues el equipaje. En los vagones más antiguos el espacio es limitado y cargar una maleta grande puede ser un problema real.
- Habla con los otros pasajeros. Es el mejor mapa que vas a encontrar.
¿Vale la pena frente a otras opciones de transporte?
La respuesta honesta es: depende de lo que busques. Si lo que quieres es llegar rápido, probablemente el autobús o el avión sean mejores opciones en muchos de estos trayectos. Pero si lo que buscas es una experiencia de viaje que recuerdes durante años, que te ponga en contacto con la realidad del país y que además no te cueste una fortuna, estos trenes no tienen competencia.
En TransurViajes llevamos tiempo convencidos de que viajar bien no significa viajar caro. Significa elegir con criterio. Y subirse a un tren que lleva décadas cruzando la Patagonia o el altiplano boliviano es, sin duda, una de las mejores elecciones que puedes hacer en un viaje por Sudamérica.